Palabras de un loco. Verdades como puños

¿Será que los locos no están tan locos?

Últimamente hablo con muchos colgados. Aunque cada día me planteo quién está más colgado, si los que aparentemente no lo estamos o los que sí. Algo muy parecido planteaba el poeta Leopoldo María Panero (loco clínicamente diagnosticado) en el final de la segunda entrega del documental ‘El desencanto’.

Y es que el hecho de hablar con tantos colgados me está haciendo ver el mundo de otra forma pues, si bien estoy un poco harto de lo que la sociedad llama normal, estas gentes plantean modelos de convivencia en los que se respira más comprensión.

En la siguiente foto podemos ver muchas banderas de eso que llaman España (yo la verdad es que no sé qué es España. Hombre, es algo de lo que hablan mucho los fachas) y un autobús protegido por coches de la madera (el autobús será de la Selección -ya la palabra tiene una connotación muy Nazi) española de Fútbol-). En lo alto del balcón, en primer plano, arropada por otra bandera, Esperanza Aguirre  tapando a un hombre (supongo que será su cónyuge).

Pues bien, el otro día, uno de los colgados (con los que ando tanto) me interrogaba de la siguiente forma:

¿Tú no te has parado a pensar que los que más lucen las banderas son los que menos hacen por quien dicen representar? Mira, la señora Aguirre siempre tiene en la boca palabras patrióticas y luego: acaba con la educación (que forma a la gente de ese país del que tanto habla), acaba con la sanidad (que cura a la gente de ese país del que tanto habla), saca todo su dinero a paraísos fiscales para no tributar (dinero que ayuda a la gente de ese país del que tanto habla), y solo se preocupa por promulgar leyes que permitan el enriquecimiento para ella y sus colegas y claro, seguridad (menos impuestos a las clases altas, mayor libertad de acción para las grandes empresas, declarar en toda regla un Estado Policial…)

Pues sí, lleva usted razón. ¿Pero por qué ese patriotismo?

Porque la identidad es algo que el hombre ansiamos y necesitamos. Esta gente la utiliza de la siguiente forma: Dicen que está peligro. El pueblo teme, necesita pertenecer al grupo. Y es entonces mientras se produce esa defensa cuando, poco a poco, esos señores del poder te absorben la vida.  Mira que fácil: el moro que no es de aquí trabajando y tú sin trabajo. Tranquilo, yo, que llevo la bandera a los hombros, lucharé contra esa injusticia. Y mientras claro, te cobro por el médico (para hacer negocio), por la sanidad (para hacer negocio), pero eso sí, trabajarás y el moro a su país.

Usted lleva razón.

No, yo estoy muy loca. Tú amigo, aunque lo que cuentes sea una auténtica basura, si entra dentro del discurso y no tienes un carné como éste (de loco), siempre llevarás la razón.

Y ya a voces gritó.

Cuidado gente, que el discurso, y ante la desesperación económica, va tomando estos cauces.

Publicado en crítica | Etiquetado , , | 1 comentario

La soledad era esto

El ojo de don Juanjo siempre está ahí para sacar punta si hace falta a un bolígrafo

He terminado la novela ‘La soledad era esto’ de Juan José Millás. A pesar que tenía referencias muy buenas, el libro no me ha llenado tanto como otros del mismo autor (sigo pensando que con su primera novela, Cerbero son las Sombras, Juanjo recompuso con precisión la ruinosa y anacrónica generación que le tocó crecer al calor del franquismo, haciendo de esto una obra maestra). No por ello tengo que decir que es un bodrio, al contrario, es Juan José Millás cien por cien. O de otra forma diciendo lo mismo: convierte un tema singular en algo peculiar, invitando al lector a repensarse muchas de las escenas de su existencia a primera vista banales. Tampoco digo que las escenas retratadas por el escribidor sean banales, ni mucho menos, simplemente resultan banales para el pensamiento conformista y acrítico generalizado o cuotidiano (me gusta esta palabra).

‘La soledad era esto’ responde a la historia de Elena Rincón, una mujer de 43 años que, tras la muerte de su madre, pone el punto de partida a una lenta pero intensa metamorfosis hacia la libertad, comprendiendo sistemáticamente los distintos factores que vienen a componer su soledad. El personaje, que vive en el más absurdo escenario, saca los dientes a todos los agentes que le habían conducido a esa situación: su marido, sus hermanos, su hija; desnudándolos como si de un psicoanalista se tratase y utilizando el propio proceso para conocerse a sí misma.

Una de las cosas que llaman la atención a leer la novela es la forma que Juanjo utiliza para articularla. Aquí son claves las narraciones de Elena, unos cuadernos de su madre que descansaban en un armario, y el testimonio de un detective que la protagonista contrata para espiar a su marido y que al final acaba espiándola (como curiosidad, a petición de Elena). A través de estas tres voces o tres narradores, el libro construye lo relatado anteriormente sirviendo de palanca para ahondar en un tema que se repite en los autores de las generaciones que vivieron o fueron testigos de El Mayo del 68, la sustitución de la ideología de izquierdas por las tarjetas de crédito. O lo que es lo mismo, cambiar los ideales puros por un puñado de billetes. Y es que Juanjo inquiere en algo que hoy los prudentes no dejan de repetirnos: ‘los que gritan libertad serán presos del sistema dirigiendo el sistema’ (miren los soplagaitas de los Steves Jobs y compañía).  Un claro ejemplo de todo esto lo podemos ver entre otros en Enrique, el marido de Elena. Un ex militante de izquierdas y ex defensor de la idea que vive obsesionado por aglutinar y crecer como empresario dentro del capitalismo, convirtiendo toda su vida en material de consumo (las mujeres, los viajes, el alcohol, la droga…)

Es aquí, alcanzando esta reflexión sobre la verdadera creencia y defensa de los ideales, donde el lector ávido posiblemente  caiga en diferentes interrogantes: ¿hasta qué punto están los puños cerrados de tantos? ¿Seguirán llenos de bondades y sueños, o por el contrario se llenarán de billetes? ¿Cuánto queda para que sus bocas sustituyan la palabra camarada por la de empleado?

El último libro que leí, antes de éste, fue El Castillo, esa gran obra de Kafka. Y es que parece que el azar  ha jugado en mi favor a la hora de disponerme a seleccionar los libros. Pues Juanjo, rescata otra de las obras claves del autor, la Metamorfosis, para desarrollar una metamorfosis en el personaje de Elena. Una metamorfosis por cierto al revés. Digo al revés pues, si Kafka convierte en cucaracha a Gregorio Samsa (protagonista de la Metamorfosis), Juanjo transmuta a Elena (de forma metafórica) de una simple cucaracha a un pájaro libre.

Que lo disfruten, si lo leen.

Publicado en crítica | Etiquetado , , | Deja un comentario

Contra el bajón

El hecho de vivir en sociedad ya es un dato a tener en cuenta a la hora de medir el ánimo. El trabajo, la familia, los amigos, los vecinos son variables que aumentan de la misma forma que perturban nuestra felicidad. Si a todo esto sumamos coyunturas en las que el grupo pasa por momentos de dificultad prologada, el tener una sonrisa se convierte en una quimera compleja de alcanzar.

En los últimos años, con la actual crisis económica, el número de depresiones y suicidios ha crecido considerablemente. La desesperación y muchas veces el no hacer nada, condenan al individuo a vivir en estados de estrés prolongados. Pero no solo el dinero, la ausencia de valores consistentes, y en muchos casos la ausencia de una vida espiritual, complementan todo lo hablado.

Los diferentes estudios revelan que gran parte de los ciudadanos de los países desarrollados sufren o han sufrido ansiedad y no lo saben ni han sabido. Según la Organización Mundial de la Salud 1 de cada 4 personas sufrirá algún trastorno depresivo a lo largo de su vida. Circunstancias normales de carácter endógeno como la menopausia, lleva a muchas mujeres a problemas mentales severos. La simple búsqueda de la identidad en los jóvenes puede desmoronar la conciencia de los mismos. Dolores de cabeza, de brazos, de pecho, vómitos, diarreas son algunos de los primeros síntomas que se manifiestan. Síntomas que confunden en muchos casos al especialista en el diagnóstico real de la enfermedad.

Pero, ¿hay alguna posibilidad de curar esa decaída del ánimo antes de entrar en un estado severo de depresión o cualquier enfermedad mental?

Para que nuestro cuerpo funcione correctamente debe tener el organismo en plena armonía. De esto se encarga nuestro cerebro a través de las neuronas, que se transmiten mensajes mediante los denominados neurotransmisores. La serotonina es uno de los principales neurotransmisores. Su función es la de regular el estado de ánimo. De manera que cuando la serotonina sufre desequilibrios, tendemos a episodios de decaimiento o pesimismo. La persistencia continuada de desequilibrios puede conducir al individuo a complicaciones de carácter más agudo.

Hasta hace unos años la decaída del ánimo no se trataba. Era necesario que el sujeto entrase en fase severa de depresión. En los últimos tiempos la ciencia ha puesto el ojo en la prevención mediante encomiendas ligadas a una vida saludable: llevar una dieta completa y sana, hacer ejercicio, mantener la cabeza ocupada en quehaceres gratificantes, y así una larga lista.  Pero también recomienda tratamientos como es el caso de la Aquilea Optmis. Un producto de origen natural que tiene como principio activo el Safranal, obtenido de los estigmas de la flor del azafrán que, aparte de su valor como aditivo alimenticio, distintos estudios revelan su potencial para ayudar a mejorar el estado de ánimo. Y todo esto con una variable positiva, al ser un producto natural, los efectos secundarios son nulos.

La función básica de este componente es ayudar a inhibir la recaptación de serotonina, permitiendo el mantenimiento de un estado alto de concentración de serotonina y evitando en todo momento la decaída del ánimo.  Un componente sin duda natural que ayuda prevenir para que el vulgarmente conocido bajón, no pase a ser una dolencia compleja como lo son las todavía incomprendidas y muchas veces desacreditadas ansiedades, depresiones y cualquiera de las enfermedades relacionadas con la mente.

Publicado en Ciencia, Ciencia y tecnología | Etiquetado , , | Deja un comentario

El castillo (Kafka)

Conoces a Kafka. Has leído el Proceso, como no la Metamorfosis y ahora, después de haber masticado otros títulos de grandes autores de la literatura, te sientas con el Castillo. Bonita metáfora ya la del nombre. Ese castillo que está en lo alto de una colina, por encima del pueblo, inaccesible, rígido, con una fisonomía cambiante acorde a la distancia a la que se encuentre el que lo contemple (de lejos es más bello, de cerca se muestra el deterioro del paso del tiempo).

Lo que nos narra Kafka  es la historia de K (nuevamente vuelve a recurrir a K para llamar a su personaje) un individuo del que poco sabemos, que ha llegado a un pueblo alemán contratado como agrimensor por los propietarios del mismo, que viven en el catillo. La novela, desarrollada en seis días, gira en torno a las averiguaciones acerca de su puesto de trabajo y el acercamiento del personaje a las autoridades que le han llevado allí. El primer día al anochecer, en una posada en la que decide alojarse, le deniegan el acceso por falta de permiso de la autoridad pertinente.  Momento crucial, ya que ahí, K fija el camino o estratagema que articula toda el libro: pertenecer al grupo sea como sea y a costa de lo que sea. Y en ese camino se cruzará Friedla, la amante de Klamm (autoridad del castillo), con la que se comprometerá al calor de las sábanas.

Todo esto nos lleva a destacar una anécdota que no pasa de anécdota (perdonen la redundancia) si no has leído la novela, la fuerte influencia que tiene Kafka de la obra de Max Weber (su hermano, Alfred, fue profesor del Kafka, que queda impresionado con la forma que tiene Weber de analizar la sociedad industrial y sus peligros),  y como ésta es clave para la construcción del relato.

Metiéndonos un poco más en el mejunje técnico, pronto nos damos cuenta que la historia está contada por un narrador omnisciente del que llama la atención el hecho de la coincidencia de su perspectiva con la del personaje. Ya no solo sabe todo, sino que tiene su representante, además protagonista, en el relato. Recuerda a la figura de Dios y Jesús (uno en el cielo y el otro en la tierra). Aunque los hechos protagonizados por k se desarrollan linealmente, según he leído por ahí, no recuerdo dónde, la novela está estructurada de una manera que no puede ser calificada de lineal (introduce analepsis y prolepsis que crean un ritmo irregular de la narración ralentizándola o incluso parándola, para mostrar las dificultades del personaje para conseguir sus objetivos). En cuanto al espacio, qué decir que no haya dicho arriba (el castillo y el pueblo), eso sí, destacando que la mayor parte de los lugares son cerrados, pequeños, mezquinos, dominados por la oscuridad…; resumiendo, agobiantes.

En una de las partes del libro K se reúne con la hermana de Barnabás (que es el mensajero del catillo) Olaga en su casa. Allí se entera que su familia lleva aislada socialmente durante años tras el rechazo de una de sus hermanas por una serie de relaciones infructuosas con uno de los funcionarios del castillo. En esta parte Kafka hace un ejercicio de maestría al desarrollar con precisión, diferentes procesos de la formación de la opinión y como estos son más poderosos para destruir a una persona, en este caso a una familia, que cualquier tipo de opresión física. El castillo no solo son los funcionarios, ni  tampoco solo la pétrea estructura, el castillo es el grupo y la opinión que domina el grupo siempre generada y condicionada por el poder superior. Dicen que Kafka escribió esto en una instalación turística a la que acudió para recuperarse de lo que hoy en día en la psicología moderna se conoce como ansiedad. Seguramente allí, si el sitio se caracterizaba por tener un ambiente social de carácter rural, sería consciente del poder de destrucción de la opinión en grupos pequeños y cerrados.

Y así, para poner fin y no interrumpirles en sus quehaceres, se puede decir como reflexión general que el libro es una obra maestra (cómo no en Kafka) que el autor nunca llegó a acabar (cómo no en Kafka). Una metáfora perfectamente construida y desarrollada, alejada de maniqueísmos y de no fácil lectura, donde el autor, se muestra políticamente incorrecto mediante la virtud que envuelve toda su obra, el sarcasmo. Presentando así una distopía que invita una vez más a entender el anarquismo como única salida a la alienación que el poder impone al ser humano. Una distopía donde el lector paciente observará la rigidez y las incoherencias de una estructura social hecha para unos pocos, y la contradicción de todos por intentar pertenecer a ella.

Publicado en crítica | Etiquetado , | Deja un comentario

¿Quién sabe dónde?

La teoría del cultivo se centra en el estudio de las consecuencias colectivas a largo plazo de los medios de comunicación. En concreto, de la televisión. La televisión tiene la capacidad de construir nuestro entorno simbólico. Por ejemplo, podemos saber cómo es New York sin haber estado nunca. Conocemos el rostro y la conducta de fulanito de tal sin habernos cruzado con él una sola vez.

Igualmente fija una frontera entre dos tipos de consumidores televisivos. Los consumidores duros: aquellos que pasan largas horas frente al aparato, generando desconfianza hacia su entorno y más miedos que; los consumidores blandos: que reclaman principalmente seguridad.

Según todo esto la televisión cultiva valores, creencias, principios, emociones…

En los años noventa, germen del Reality Show como se conoce hoy, nace en la televisión pública ¿Quién sabe dónde? Programa que pronto se convirtió en la central televisada de los desaparecidos de España. Su cometido era encontrar a todos los que por diferentes razones, habían dejado su hogar sin aclarar el porqué de su marcha y el lugar donde se encontraban. Para muchos el espacio pasó a ser un referente, un escaparate donde el desaparecido o persona allegada al desaparecido, percibiese el grado de preocupación que tenía la familia, amigos o enemigos. Pero, aparte de servicio público, tenía un cometido intrínseco negativo, entretener a la sociedad española pasando el cotilleo de la escalera a la propia televisión. (“Han encontrado a fulanito de tal…” “pues dicen que no sé quién dejó su casa porque su mujer le ponía los cuernos… ” “pues a esa mujer la mató el marido y encima el muy cabrón tiene la poca vergüenza de salir en televisión diciendo que la está buscando…”)

Ahora bien, la fachada de servicio público y escaparate para el entretenimiento jugó en contra de las previsiones de la propia cadena. Toda una época quedó marcada por citado espectáculo provocando en la psique del consumidor televisivo el terror generalizado. La calle se convirtió en un espacio para la desconfianza donde los niños huíamos y nos escondíamos en cada esquina al ver pasar a desconocidos. Los padres dudaban de si sus hijos deberían salir solos a la calle. El rostro del vecino raro de al lado se tatuaba en la  conciencia del vecindario.  Se temía que los ancianos, en un arrebato de soledad, decidiesen emprender un camino que les alejase para siempre de sus hogares.

Y es que aquel programa provocó en muchos de los grandes consumidores un desplazamiento de la realidad, deslizándoles a un mundo de terror donde se temía que llegase el fatídico momento en el que sus hijos o allegados o ellos mismos desapareciesen. El pánico construyó una realidad asentada en la duda y la desconfianza hacia el extraño. Una realidad, incluso, con banda sonora. ¿Recuerdan aquella música espeluznante?

La teoría del cultivo también habla que ese cultivo se produce en tres etapas. Los consumidores de televisión observan un mundo diferente al real. Los grandes consumidores pueden desplazarse de la realidad. Las representaciones sociales no se absorben de forma selectiva, sino que el consumidor televisivo se sienta y van cayendo.

Toda esta teoría recibió diferentes críticas, pero aportó fundamentalmente datos y estudios que sirven para ilustrar los peligros de ciertos programas. Demostró como este tipo de máscara de servicio público, no tiene nada más que un interés comercial que convierte a toda una sociedad en cotilla por excelencia, desplazando o confundiendo su propia realidad.  España, vivió aterrada, y yo, fui víctima de ese miedo.

Por desgracia hoy podemos encontrar programas de esta calaña en diferentes cadenas. Un claro ejemplo es Hermano Mayor. Todavía no sabemos cuáles serán los efectos a largo plazo , pero gracias a los precedentes, son más que obvios. La televisión pues, se tiene que plantear si estas formas televisivas son acertadas o por el contrario no son nada mas que un foco que deteriora la salud mental ciudadana.

Publicado en opinión | Etiquetado , , | Deja un comentario

1 de Mayo

Hoy es el día del trabajador y lo estoy viviendo en unas circunstancias especiales. En primer lugar estoy en España. Recuerdo un año que me pilló en Roma sin alojamiento. Gracias a los desmanes del destino, acabé en un hostal de mala muerte. En segundo lugar tengo, aunque parezca mentira (bueno, el señor Lawer…), trabajo. Y en tercer lugar  y último, lo vivo en una situación en la que el trabajador está siendo catapultado, en lo que a derechos se refiere, a épocas de la revolución industrial. Aquí en España sería más apropiado hablar de épocas del franquismo (el Estado Social conseguido tras la II Guerra Mundial nunca llegó a España y cuando éste empezaba a cuestionarse aquí  surgieron algunos retazos).

Hoy día, la clase obrera (porque no ha desaparecido por mucha tele de no sé cuantas pulgadas en el salón) está siendo pisoteada con el consentimiento de la misma. Sorprende que un trabajador acepte la sumisión, y más cuando lo que se juega es la vida de los suyos. También es verdad que España es un país de católicos, y los católicos (los pobres claro, los ricos nada de nada) siempre han aceptado todo el mal esperando un mundo mejor fuera de la vida terrenal. Pero en el fondo de todo, alejado de cualquier reflexión antropológica, todavía se hace correcto preguntarse: ¿cómo es normal que un hombre, sea de la ideología que sea, acepte que le roben delante de sus ojos? ¿Cómo es normal que un hombre, con un mediano o amplio abanico de conocimientos, repita y defienda todo lo que le está destrozando la vida? Esto recuerda al fumador, que fuma a sabiendas que le está arruinando y comiendo la existencia a bocados (aunque me hace dudar si los primeros lo hacen a sabiendas). Pero ¿Cuál es la respuesta entonces? Pues no otra que neoliberalismo.

El sistema ha pintado un mundo de ilusiones donde los ciudadanos estafados a base de préstamos han podido adquirir posesiones materiales (que nunca han sido suyas). A esto hay que sumarle un constante bombardeo a través de los medios de comunicación de estereotipos de vida que poco se corresponden con la realidad. Es decir, ha creado un paraíso. En el momento que todo ha caído o han decidido que cayese,  se ha puesto en marcha el aparato demagógico de persuasión para recordar que lo vivido falsariamente volverá siempre y cuando la gente acepte los males. Es decir la tierra y Dios. Y mientras, los ciudadanos esperando ese momento, son saqueados por unos pocos. Es decir la Iglesia.

Quizás esta reflexión sea un tanto tibia y desarrollada desde unos criterios muy personalista, pero un día como hoy, a los trabajadores (incluyo a parados), solo puedo pedirles que algo de esto se les haya pasado por la cabeza. Pues la reflexión es la base del discurso y sin un discurso seguiremos encerrados en una dicotomía que lleva repitiéndose con distintos nombres a lo largo de la historia.

Después de que estallase la crisis económica muchos hablaron de refundar el capitalismo. Otros tantos decían que había que releer a Marx, y el resto que era hora de arreglar todo lo que habíamos hecho mal. Años después la situación se resume en pocas palabras: sumisión, miedo y escasas alternativas. Pero ¿dónde están esas alternativas? Yo aquí esbozo a modo de conclusión lo siguiente:

Siendo miméticos a los poderosos lo dudo. Empecemos a saber lo que queremos a base de reflexionar sobre lo que no queremos. No llamemos utopía a lo que queramos, pues la utopía es el revólver que dispara la bala que nos convierte en lo que no queremos. Empecemos comiendo la ficha antes que nos den jaque mate.

Publicado en opinión | Etiquetado , , | Deja un comentario

“Sin periodistas, no hay periodismo; sin periodismo, no hay democracia”

La profesión de periodista está de capa caída. Vive su peor año en lo que a paro y precariedad de refiere. 6200 periodistas han perdido su empleo y 1309 en el primer trimestre del año. Muchos de los que trabajan lo hacen con contratos basura y los que buscan encuentran ofertas precarias.  Las universidades sacan unos 3000 licenciados en periodismo de los que solo 500 consiguen encontrar un puesto de trabajo. A todo esto hay que sumarle el descrédito de la sociedad a la profesión fruto de las técnicas manipuladoras de los grupos mediáticos.

El próximo 3 de mayo, día mundial de la libertad de prensa, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape) ha convocado diferentes concentraciones en más de 43 ciudades de España en defensa de la dignidad de la profesión bajo el lema “sin periodistas, no hay periodismo; sin periodismo, no hay democracia”.  Ahora bien, ¿cuál o cuáles son las causas que han conducido al sector a esta situación?

  • Fuga de publicidad de los medios tradicionales de comunicación a internet. Los medios de comunicación viven principalmente gracias a la publicidad. El paso de la misma a internet ha provocado que muchas de las cabeceras de prensa escrita hayan desaparecido y otras se hayan tenido que adaptar al par de cobre. El ciberespacio a día de hoy no es rentable. A esto hay que sumar que las redacciones digitales necesitan menos personal y que gran parte de ese personal se cubre con becarios.
  • Aparición del fenómeno: cualquier persona puede ser periodista. La figura del periodista profesional ha sido sustituida por iletrados bufones que confunden el entretenimiento con la información. Gentes desprovistas que sobreviven en el sector gracias a alguna canallada popularizada mediáticamente. También, gran parte del sector, ha sido cubierto por residuos de otros sectores que bajo el nombre de analistas, cumplen la función de forma calamitosa.
  • La manipulación constante. Los principales grupos mediáticos han apostado por un modelo de comunicación basado en la información maquillada. Un tipo de mensaje que responde a los intereses económicos de los financiadores  alejado en todo momento de las realidad social. Esto ha provocado fenómenos como “El Mundo Today”, noticias falseadas construidas para consumir con fruición y que sirven de huída de la calamidad informativa de las principales cabeceras. También la aparición del bloguero (líder de opinión cibernético) ha hecho que muchos lectores, oyentes o televidentes ante lo expuesto arriba, se pasen a este tipo de formato.
  • Polarización. El periodismo de izquierdas ha perdido todo el terreno. Muchos de los medios que responden a esta ideología han desaparecido, provocando que los profesionales se hayan tenido que recolocar en portales web en los que no se obtiene ninguna rentabilidad o una rentabilidad escasa para la subsistencia.
  • La traición del periodista. En consecuencia a lo anterior, los pocos periodistas que actúan trabajan vendidos violando su derecho a la cláusula de conciencia. Todo esto ha traído consigo una pérdida de valores directamente proporcionales a la pérdida de calidad de las informaciones.

Entonces tenemos que preguntarnos: ¿sin periodistas no hay periodismo? Sí, hace tiempo que no hay periodismo. ¿Sin periodismo no hay democracia? Sí, hace tiempo que no hay democracia.

Publicado en opinión | Etiquetado , , | 1 comentario

Palabras

Cuatro meses y medio después del cambio de gobierno la situación de España es igual o peor. En todo este tiempo hemos sido conscientes de la inoperatividad continuada de un gobierno que ha reducido su batería de reformas para combatir la crisis, a recortes a los sectores más vulnerables. El discurso que ha acompañado se puede resumir en pocas palabras, una de ellas, austeridad. Algo que el ejecutivo en función pedía cuando estaba en la oposición, y que su resultado se traduce en más paro, más pobreza y más enriquecimiento de las élites financieras del país.

A la palabra de austeridad le está sucediendo otra nueva. Palabra que la iletrada Fátima Báñez ya utilizó en su primera intervención en aquél viernes en el que el gobierno contradecía lo prometido en campaña subiendo los impuestos, herencia.  Y es que esta palabra como sustantivo o verbo, forma parte de la cadena de ADN de la derecha. Digo que forma parte, ya que siempre les sirve para justificar sus desgracias. Bien empañado los éxitos de sus adversarios políticos o bien tapando sus despropósitos. Pero también forma parte pues, los tipos estos, se presentan como los herederos de una España que no va más allá de lo que simboliza la bandera. Poco interesan a tales sus pueblos, sus culturas, su ecología, sus gentes…

A esta palabra de austeridad y herencia le siguen otras de corte más tecnócrata: flexibilidad, optimización, modernización… Palabras que muchos desconocemos su significado exacto, pero que utilizamos como analgésico ante la situación enrevesada que se nos presenta. Creemos que son un todo que pronto llenarán nuestros bolsillos conduciéndonos a la posición de engaño y nuevo rico falseado de años anteriores.

Ahora bien, repasemos esta ecuación: si somos austeros debido a la herencia y flexibilizamos y optimizamos el mercado para modernizarlo, ¿cuál es el resultado? De momento: paro, recesión, depresión, desigualdad, polarización… Es decir, palabras que sí entendemos. Pero ¿por qué? Porque el significado de las mismas sale del sudor de nuestra frente.

Publicado en crítica | Etiquetado , , | Deja un comentario

Falacias

El día 29 de marzo, día de la huelga general,  por las distintas redes sociales transitó esta descomposición gráfica distribuida por la derecha más reaccionaria y algún que otro mentecato al que le recomendaría leerse un manual de historia de la ESO.

Lo que a uno le causa sensación no es que esta burda estampa llegase a su teléfono móvil, es que los franquistas demuestran una vez más la traición hacia lo que el imaginario español considera el eje vertebrador del régimen. Aunque puedan surgir diferentes puntos de vista, Falange, o a sí me repetía un viejo amigo, era y creo que seguirá siendo un partido obrero, por lo que se hubiese y se habrá opuesto al mayor retroceso en derechos sociales de la historia de España y posiblemente de Europa.

Otra de las cosas que saltan al ojo, es ver a Franco en gris. Color que denota ideas y sentimientos caducos, y que ya de por sí, te hacen retrotraerte a la sobrexplotación que vivieron nuestros abuelos. Señores, los hábiles idiotas que creasteis esto y los pánfilos que lo difundisteis, ¿de verdad queréis volver a aquellos años? ¿O es que los encargados de tal falacia no teméis los problemas que va a desencadenar la reforma y os aprovecháis de cuatro instruidos?

Cuando me paro a pensar, me doy cuenta hasta donde está llegando el grado de manipulación. Podremos creer que la mejor salida de la coyuntura que atravesamos no es haciendo huelgas. Lo respeto aunque discrepo porque he comprobado la efectividad de las mismas a pequeña escala. Pero lo que no entiendo, siendo de la rama política que se sea, es cómo se puede defender una reforma laboral de tal calando.

Piensen, saquen toda la mierda ideológica que acumulen y miren a su horizonte, pregúntense como trabajadores que son o como padres o madres o abuelos o abuelas de nuevos trabajadores: ¿esta reforma laboral es justa y nos sacará de eso que llaman crisis?

En serio, déjense de PP y de PSOE y escuchen a vuestro foro interno.

Publicado en crítica | Etiquetado , , | Deja un comentario

Huelga General

Unas nubes tímidamente tapaban el cielo de Madrid en una soleada tarde de primavera. Bien podría haber llegado Velázquez y haberse sentado en lo alto de un edificio para convertir un principio físico en un principio artístico. Pero esas nubes, que por cierto, no eran motivo de tormenta, no servían, y ni mucho menos sirven, como ejemplo para ilustrar la verdadera tormenta, la que días antes fue  confeccionada en los fríos (no por temperatura) despachos ministeriales y a la que todos los abajo presentes, hacían frente sin paraguas. Por cierto, para Velázquez no, pero qué aporte tan rico para uno de los cuadros de Antonio López.

Si vamos un poco más allá y entendemos la fisionomía de la emblemática plaza de Madrid, podemos encontrar en tan llamativa, rica e ilustrativa imagen, algo bastante curioso. Mirando a nuestro lado derecho, vemos la sede de la Comunidad de Madrid, escoltada por los cuerpos de maltrato del Estado. Al otro lado, más difícil de ver, toda una consecución de grandes superficies comerciales. Y en el centro, claro, como decía anteriormente, una multitud de individuos.

Ahora bien, ¿no les da la sensación que ambos lados se van cerrando aplastando a los de dentro? ¿No os recuerda a esa máquina que aparece en todas las películas de acción que se cierra triturando a los encerrados? Parece como si el Estado y el mercado estuviesen intentando aplastar a todos mientras todos estuviesen intentando, con sus habilidades dialécticas y combativas en general, superar tal encrucijada.

Es curioso, pero aparte de curioso, lo visto, y mal relatada por mi terquedad mental, es una realidad que a pocos les es indiferente. Realidad que unos intentan retratar con un discurso académico, otros, como es mi caso, a través de la metáfora, muchos con su experiencia y solo unos pocos enturbiarla para seguir llenándose los bolsillos a costa del sufrimiento de todos.

Publicado en crítica | Etiquetado , , , | Deja un comentario