¿Será que los locos no están tan locos?
Últimamente hablo con muchos colgados. Aunque cada día me planteo quién está más colgado, si los que aparentemente no lo estamos o los que sí. Algo muy parecido planteaba el poeta Leopoldo María Panero (loco clínicamente diagnosticado) en el final de la segunda entrega del documental ‘El desencanto’.
Y es que el hecho de hablar con tantos colgados me está haciendo ver el mundo de otra forma pues, si bien estoy un poco harto de lo que la sociedad llama normal, estas gentes plantean modelos de convivencia en los que se respira más comprensión.
En la siguiente foto podemos ver muchas banderas de eso que llaman España (yo la verdad es que no sé qué es España. Hombre, es algo de lo que hablan mucho los fachas) y un autobús protegido por coches de la madera (el autobús será de la Selección -ya la palabra tiene una connotación muy Nazi) española de Fútbol-). En lo alto del balcón, en primer plano, arropada por otra bandera, Esperanza Aguirre tapando a un hombre (supongo que será su cónyuge).
Pues bien, el otro día, uno de los colgados (con los que ando tanto) me interrogaba de la siguiente forma:
¿Tú no te has parado a pensar que los que más lucen las banderas son los que menos hacen por quien dicen representar? Mira, la señora Aguirre siempre tiene en la boca palabras patrióticas y luego: acaba con la educación (que forma a la gente de ese país del que tanto habla), acaba con la sanidad (que cura a la gente de ese país del que tanto habla), saca todo su dinero a paraísos fiscales para no tributar (dinero que ayuda a la gente de ese país del que tanto habla), y solo se preocupa por promulgar leyes que permitan el enriquecimiento para ella y sus colegas y claro, seguridad (menos impuestos a las clases altas, mayor libertad de acción para las grandes empresas, declarar en toda regla un Estado Policial…)
Pues sí, lleva usted razón. ¿Pero por qué ese patriotismo?
Porque la identidad es algo que el hombre ansiamos y necesitamos. Esta gente la utiliza de la siguiente forma: Dicen que está peligro. El pueblo teme, necesita pertenecer al grupo. Y es entonces mientras se produce esa defensa cuando, poco a poco, esos señores del poder te absorben la vida. Mira que fácil: el moro que no es de aquí trabajando y tú sin trabajo. Tranquilo, yo, que llevo la bandera a los hombros, lucharé contra esa injusticia. Y mientras claro, te cobro por el médico (para hacer negocio), por la sanidad (para hacer negocio), pero eso sí, trabajarás y el moro a su país.
Usted lleva razón.
No, yo estoy muy loca. Tú amigo, aunque lo que cuentes sea una auténtica basura, si entra dentro del discurso y no tienes un carné como éste (de loco), siempre llevarás la razón.
Y ya a voces gritó.
Cuidado gente, que el discurso, y ante la desesperación económica, va tomando estos cauces.










